ENFERMOS DE CORRUPCION

ENFERMOS DE CORRUPCION

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Bajo el título de “El festejo que no Fue”, el magistral Eduardo Galeano cuenta que unos peones de los campos de la Patagonia se habían alzado en huelga, contra los salarios cortísimos y las jornadas larguísimas, y el ejercito se ocupó de restablecer el orden.

Fusilar cansa. Esa noche del 17 de febrero de 1922, los soldados, exhaustos de tanto matar, fueron al prostíbulo del Puerto San Julián a recibir su merecida recompensa.

Pero las cinco mujeres que allí trabajaban les cerraron la puerta en las narices y los corrieron al grito de asesinos, asesinos, fuera de aquí…

Osvaldo Bayer ha guardado sus nombres. Ellas se llamaban Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliachi y Maud Forster. Las putas. Las dignas.

Este dos de Octubre, una mujer sencilla ingreso a fiscalía. Seria y con paso seguro, cruzo el umbral de la puerta y se perdió en el oscuro pasillo, ella es una de las tantas trabajadoras de la cooperativa, que después de varios años recuperó la serenidad y la fuerza para poder hablar. A pesar  de su voluntad, después de responder varias preguntas, en un momento no pudo evitar que  se le empañaran los ojos, respiró  una y otra vez con dificultad  casi como atragantada por el mal recuerdo. Otra vez lleno lentamente de aire sus pulmones, hizo una larga pausa, estiro sus brazos entumecidos y su manos bajaron hasta  encontrar la base  dura de su asiento, sus dedos casi por instinto se clavaron en ella de inmediato, era el apoyo  necesario para que saltara, como un tapón herrumbrado la humillante palabra, “putas, a todas nos trataba de putas”.  La oficial de justicia trato de acomodarse en su sillón con disimulo, para  no delatar la emoción negativa que le provocaba  semejante relato. La testigo prosiguió suministrando datos desconocidos acerca de la impunidad y posición dominante con la que operaba uno de los reos alojado en el  penal de Cruz del Eje. Putas, no. Dignas, no siempre.

En esos tiempos, ingresar como empleado o empleada, tenía su precio. “El 99% de los empleados entro por política”, se despacho Núñez en su declaración. El hombre cuyo único título que se le conoce fue el de ser lacayo  de Teijeiro, porque el de la Fray siempre se supo que “era trucho”, eso si tenia real valía con la complicidad del payacesco Concejo. Esa maniobra más la tarea riesgosa, (tomar café en su oficina del bar Bonaro), le facilito embolsar de manera artera  muchos billetes de cien. Su petulancia exacerbada le permitía decir que  él con Teijeiro siempre buscaban a los más boludos para manejar la Cooperativa a su antojo. Los que ingresaban cumplían el severo requisito de ser pariente de un mandamás, dar un suculento aporte económico “para gastos de campaña”,  pedido de algún intimo favor personal, pago de deudas políticos lo que menos importaba era la capacidad y el concurso de antecedentes. El único que pudo mojarle la oreja fue “el virulana Acuña”, que con su innata picara astucia, logró que uno de sus hijos fuera nombrado en planta permanente. Fue tanta el odio mutuo que se profesaron que cuando fue llamado como testigo, el agraciado empleado, lo enterró al encorvado inquilino del penal cruzdelejeño.

Es cierto también que hubo  empleados que se animaron a cuestionar algunos procedimientos en la época dura, así les fue, su confinamiento al archipiélago de Gulag fue inmediato, otros corrieron peor suerte, les “fabricaron” robos o motivos para despedirlos, total la plata  salía de la caja de los socios. La política del miedo dio buenos resultados, ateridos por el peligro de su fuente de trabajo, soportaron a seca garganta todo tipo de humillaciones, maldiciendo y mascullando una y otra vez  por dentro su impotente voz  ahogada en sus pulmones. Por miedo o por sobrevivencia algunos se convirtieron en cómplices berretas del afano, otros lograron categorías por aducir ceguera, eso en parte explica del porque votaron a Núñez como su representante gremial por mucho tiempo; él era el gremio y el poder. El, solo el, era quien decidía la suerte de sus victimas potenciales.

Hay quienes no quieren hablar del pasado, ese pasado que les dibuja en el rostro el oprobio de la vergüenza. Desde que  los radicales  entraron a la Cooperativa  con un golpe institucional de por medio, acosaron judicialmente  a un Concejo formado por los muchachos peronista, bebes de pecho comparado con la cáfila de malandras que gobernaron a su gusto desde entonces con distintos matices.  Ellos, amantes  desordenados del dinero,   viciosos con certificado de filiación a la corrupción fueron infieles  administradores, inescrupulosos, incapaces, rapaces  para manejar con mala intención los recursos ajenos que les habían sido confiados, “buscas”, punguistas…todo  para su propio beneficio.

Porque se multiplico con  tanta velocidad la corrupción?. La respuesta es simple: fallaron absolutamente  todos los sistemas de control, si todos. Fue tan habitual delinquir, fue tan rápido la  sucesión de “actos” de corrupción, fue tal la impunidad con que actuaban, que en un síntoma grave de contagio de esta terrible enfermedad,  la  población, se acostumbró a tomar como valido lo actuado; a tal punto que    perdió el sentido del asombro. Hoy lamentamos con simpleza nuestra  trágica desgracia.

Octubre comenzó con la nueva ronda de presos, imputados y testigos. Las recientes revelaciones del modos operandi, de la banda de los “bad boy”, vienen a confirmar el grado de voracidad con que saquearon la municipalidad y la cooperativa; fue tal la fiesta, que fiscalía, después de una agotadora y dura investigación, desmadeja con natural habilidad, el enredado ovillo de fechorías. El “torpe e ingenuo fiscal”, así lo llamaban, hoy con la balanza y la espada  los llevó: a  unos, a llorar en silencio agarrados del frio hierro de las rejas, a los imputados, a prenden velas tres veces por día a San Dimas para que no se los lleven a ningún pabellón, a los inescrupulosos comerciantes a decidir su devoción entre Judas Tadeo o San La Muerte. La mayoría de los ex consejeros  cooperativos que  saben que no pueden negar su  “i-responsabilidad”, esperan  con abnegado silencio su tortuoso camino hacia el penal, porque saben que la justicia vas tras ellos. Esa justicia que por años fue parapléjica hoy los tiene entre las cuerdas.

Si la  justicia en el fuero penal hizo que variaos malandras disfrazados de políticos purguen penas por lo hecho, cuesta asimilar el adormecimiento e indiferencia  de  quienes deberían haber hecho su trabajo en el fuero civil para  iniciar el juicio por resarcimiento económico,  a los viles sujetos que amarrocaron tanto dinero, ni siquiera los inhibieron de enajenar sus bienes de procedencia dudosa. Ellos deben dar explicaciones, de su sospechosa renguera, porque los bienes que no se litigan seguirán disfrutando los amigos de lo ajeno, mientras Juan pueblo muestra su cruda e interminable desgracia.

Lic. Rolando Lucero Pacheco

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